Palabras poco habituales, de otra época, de otra cultura, fuertes en su propia definición, tímidas y calladas en el glosario de lo cotidiano.
Serenidad, esfuerzo, aprendizaje, curiosidad, valor
Confusión de términos, o industrialización de los mismos, valor entendido como valía, válido entendido como eficiente, práctico, contabilizado, utilitario, productivo, en definitiva económico.
Minusválido, de menor valía, mermado valor, inútil: objeto de concesiones de amabilidad y generosidad por parte del que produce, que se beneficia de esa tacha de invalidez asumida para lucrarse por el esfuerzo de quién vive para adaptarse a la eficiencia, sobrepasando con creces al productivo (individuo entendido como válido en porcentajes)
Contabilizar, capitalizar los términos, volver el valor meramente economía, administrar el esfuerzo y sangrar la diferencia. La generosidad del débil de valores, fuerte en su valor económico.
Vacio, robotizado administra los huecos de de diferencias pintando con sangre ajena los límites de su fortuna.
Ávidos de libertad individual avanzamos, ¿a dónde? Exigimos una libertad que olvidamos respetar, que nos condicionan a desentender, ¡libres, libres, libres!
Y la diferencia, que no es sino la capacidad de pensamiento, supuesta racionalidad que nos humaniza frente al resto de seres vivos… ya ha sido contabilizada, administrada, mermada, atada.
La racionalidad que nos lleva a matar el impulso vital, el deseo y la consciencia de uno mismo en detrimento del conjunto social, sin tiempo para pensar que es lo que realmente deseamos vivir, como encaminar nuestra biografía, andamos por vías gestionadas, autopistas con peajes, prohibiciones, obligaciones y limites. ¡Libres, libres, libres!
Libres dependientes, resignados.
Números con ojos, piernas, cabezas, pero ¡ay! del peligro de pérdida de alguna parte del número. Solo números enteros, los demás generan quebraderos de cabeza.
Pierde un brazo, pierde una pierna, pierde un ojo, pierde los dientes, pierde un pulmón, pierde efectividad, envejece, vive, serás archivado en la sala oscura, adornado del término obra social y cultural, hemos de estar agradecidos. Antes puedes pasar por el taller mecánico, allí poseen ojos de repuesto, dientes, máquinas que respiran, pero aun no han encontrado el antídoto a lo natural, al tiempo. Gracias a dios la producción de nuevos números puede controlar mayores patologías de cara a un futuro, salvo, claro está, lo inesperado.
Lo inesperado, la tendencia vital alejada de la producción, del número, de la estadística. El poder decidir colarse por un hueco y no entrar por el luminoso portal de lo correcto, lo asumido, lo ideal.
Pensar si el blanco es blanco y el negro negro, apagar la luz, cambiar de hemisferio, leer otros tiempos, leernos sin que las palabras hayan pasado por la cadena de saneamiento y desparasitación.
Germinan los virus del cambio, crecen las raíces en un terreno volátil, que puede atravesar fronteras, pasar aduanas, y existir sin ubicación fija.
Cómo quemar los archivos de memorias si no encuentras los cajones ni los ficheros, como quemar los hechos cuando han decidido abandonar el tiempo, como negar que ayer paso aquello, si no encuentras el papel con la noticia, como incendiar el recuerdo.
No consiguen formar el Ministerio que se encargue de ello. Releen y releen las distopías e intentan frenarse, desacreditan la educación y merman los fondos que permiten la base inicial del pensamiento, mercantilizan los saberes y cortan las patas del aprendizaje en los asientos universitarios, mienten y mienten, pero aún se agrietan los muros y corre libre el pensamiento.
Todavía no han entendido que fue primero el pensamiento, y luego, luego el capital.
Nunca olvidaré al excéntrico de Fa, ni olvidaré la imagen de a donde corre el caballo libre que corre.
En cambio, nosotros podemos decidir correr en una dirección distinta a las flechas, y hablar de nuevo, dejando que la electricidad descanse y que el televisor almacene polvo, volviéndose de nuevo objeto, sin ser sustituto de viajes, sueños, sentimientos.
Palabras más sabias que las mías:
http://www.publico.es/367007/esta-cultura-capitalista-de-cinco-siglos-ha-agotado-ya-sus-posibilidades
http://www.publico.es/367007/esta-cultura-capitalista-de-cinco-siglos-ha-agotado-ya-sus-posibilidades
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